En ocasiones veo descargas en mi ordenador, lo reconozco. No es intencionado, no las busco de mala fe, no utilizo el P2P ni cosas de esas muy complicadas. Todo empieza por Google, el mayor enlazador del mundo a descargas de copias "ilegales" que además tiene publicidad anexa a esas búsquedas.En realidad el asunto viene de un interés previo, quizás por encontrar un buen recopilatorio de los Coros de la Armada Soviética o tal vez esté interesado en alguno de los primeros trabajos de Rare Earth y ya que alguien, en alguna distribuidora, decidió que eso ya no es comercial ni productivo y pasa a estar "descatalogado", pues...
Quizás esté interesado en juntar algunos de los mejores temas musicales, los más memorables de la historia del Rock'n'Roll. O tal vez me dé la vena de investigar algo del folclore tradicional escocés.
No sé que decirte, lo cierto es que mi conocimiento de la música es muy pobre pero mi pasión por ella es inagotable y mi curiosidad por los sonidos y las melodías de este planeta, insaciable. Pero algún ejecutivo o alguna sociedad de derechos de autor intentan decidir por mí. Dicen que debo comprar a un tal Bisbal y a otros productos empaquetados de la actual industria. Voy a la tienda y me ofrecen 40 trabajos por los que no tengo ningún interés. Bueno, puede que por un par de ellos, 3 ó 4 a lo sumo, pero no más.
El asunto es que lo que yo quiero oír, lo que me interesa, lo que me motiva, debe ser algo muy raro (o poco comercial). Música de enorme calidad pero de escasa rentabilidad. Pero existe la red, la grandiosa red que ha puesto las músicas del mundo a mi disposición. Y poco hay que no pueda encontrar, tarde o temprano.
Así que, lo reconozco, en ocasiones veo descargas... Las Sociedades de Gestión de turno se lo pueden cobrar del impuesto revolucionario canon que cobran a mis oídos y roban a mi cartera.
¡Si en mi mano estuviera! ¿Cuánto recibe un autor por su trabajo de cada copia "legal" vendida? ¿Un euro, dos? Yo le pago el doble. A él. Exclusivamente. Por oír su música, por disfrutarla y extasiarme con ella. Pero al autor. Por su trabajo, por su labor, por regalarme una creación maestra. Pero a quién la merece en verdad. A los esclavos de las discográficas y a los prisioneros de las Sociedades de Gestión.
A él, y sólo a él.
Pero mientras eso no sea posible, en ocasiones seguiré viendo descargas.
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